Procesos

Por Nicolás Pinzón Guerrero

Simon Sinek se ha vuelto, para mí, un filósofo contemporáneo. Una persona que analiza situaciones actuales y le da una estructura al pensamiento para transmitir un mensaje que –con argumentos– proponga soluciones. Sus mensajes, en efecto, ya son reconocidos a nivel mundial. Empezando con Start With Why, ha venido transmitiendo ideas persuasivas, optimistas y con fundamentos interesantes. Entre ellas, en los últimos dos años, Sinek ha enfocado sus conferencias y entrevistas al análisis de la llamada ‘generación de los Millenials’ y sus retos en los ambientes laborales. (Acá pueden ver una de sus entrevistas más importantes).

El tema puede sonar trivial, empezando porque muchas veces el término Millenial es asociado con una especie de neohippie que sólo quiere viajar y esperar que los gastos se paguen por sí solos. En realidad, la cuestión es más compleja. Sin entrar a discutir este concepto abstracto y ambiguo, lo cierto es que los desarrollos tecnológicos están cambiando las culturas de trabajo de distintas maneras, y ese es el valor agregado que encuentro en las ideas de Sinek: simplificar las complejidades de la armonización entre las ventajas y desventajas de las nuevas tecnologías en ambientes laborales, aplicables, claro, a todos los ambientes personales.

La idea que más me gusta en su mensaje, y que es el objeto de este artículo, la quiero resumir de esta manera: todo lo podemos tener instantáneamente. Pedir comida a un restaurante, hacer mercado, solicitar un servicio de transporte, resolver alguna duda, mandar un mensaje a cualquier persona, en fin. Todo, menos lo que realmente importa (lo lindo de las excepciones a las reglas): fortalecer las relaciones personales y lograr satisfacción en el trabajo. Esto, dice Sinek, requiere tiempo, esfuerzo, paciencia y muchas veces es difícil. Por eso mismo, vale la pena.

Como grita Aerosmith, “life’s a journey, not a destination”. Los procesos, entonces, son tan importantes como los resultados. Si es así, no tiene por qué pensarse que los procesos son sólo un medio obligatorio, tedioso y largo para lograr algo. Propóngo, por el contrario, cambiarle la cara a la idea del proceso. Entender que es parte de algo más grande y –dentro de sus inminentes dificultades– aprender a quererlo y disfrutarlo. Paciencia.

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