La vida es esto

Por Nicolás Pinzón Guerrero

Decía el filósofo estoico Séneca que es una tontería postergar los planes sensibles para los 50 o 60 años. A veces, sin saberlo, nos atamos a la idea de que estamos hechos para empezar a vivir justo cuando debemos morir. Constantemente pensamos que la vida laboral se trata de sacrificarnos para acumular dinero y usarlo cuando ya estamos listos para morir. Lo cierto, así suene crudo, es que la muerte llega sin avisos y no tiene edades. Es por eso que la-vida-es-esto.

Y no es una cuestión de vivir el momento y no pensar en nada más. Por el contrario, creo que es una excelente estrategia pensar a largo plazo y siempre tener una visión — sujeta a modificaciones — de lo que uno quiere lograr. Sin embargo, ese pensamiento estratégico debe ir alineado con el día a día. Pensar en macro, pero vivir en micro, dice Gary Veynerchuck.

Es por tal motivo que es fundamental analizar lo que uno está haciendo y, especialmente, las razones por las cuales las está haciendo. Se puede pensar, por ejemplo, en que si el objetivo es tener ganancias para comprar un carro lujoso, es bueno preguntarse si quiere ese carro porque realmente lo llena o si su motivación real es demostrarle algo a alguien más o mostrar de un modo tangible su “éxito” profesional.

Esta idea de — ‘La vida es esto’ — no es mía. Se la escuché por primera vez a Alejandro Escorcia de Halaelbalón en la entrevista que le hicimos en 13% (se puede escuchar acá). El contexto de esta potente frase es que él en la universidad estaba estudiando derecho y administración de empresas. La razón por la cual empezó esa doble carrera era con la idea de ganar la mayor cantidad de dinero en edades tempranas para así dedicarse desde los 50 años a lo que realmente lo mueve: escribir.

Por cachetadas que da la vida, Alejandro se dio cuenta rápidamente que eso no tenía ningún sentido. Entendió que si llegaba con buen dinero a los 50s, probablemente no iba a escribir. Así las cosas, en vez de postergar su vida, mandó al carajo la administración de empresas y se dedicó a escribir.

En 13% contamos historias porque científicamente es la mejor manera de aprender a tomar decisiones (recomiendo este episodio de Hidden Brain). Es, en últimas, entender lo que uno podría dejar de hacer y hacer lo que se podría empezar. Es una forma para reflexionar sobre la vida propia con base en experiencias ajenas.

Resalto esto con el único objetivo de mencionar que no es necesario tener cachetadas en la vida para tomar acción. Por el contrario, es mejor ejercicio analizar si uno está postergando la vida. Hay distintas formas para hacer esto. Propongo dos:

  1. Vivir por los fines de semana – Si uno está viviendo toda la semana con unas ansias extremas de que llegue el fin de semana, seguramente hay algo de lo que está haciendo que no está bien. Los fines de semana son fundamentales para nutrirse y tener “mini vacaciones”, pero jamás deben ser el motivo de existir.
  2. El trabajo por sí mismo – Simon Sinek propone que, respecto del trabajo, uno se cuestione si seguiría trabajando en lo mismo así no le pagaran por eso. Por supuesto que todos necesitamos ingresos y es evidente que hay cosas que a uno no le gustan del trabajo, pero es un buen ejercicio pensar si uno hace el trabajo que hacer por el trabajo en sí mismo, o únicamente por la remuneración.

En últimas, si uno trabaja únicamente por la remuneración, es porque está cayendo en esa idea absurda de ahorrar toda la vida para hacer lo que quiere cuando se retire. Esto, sabiendo que, probablemente, cuando se retire ya no va a poder hacer lo que quiere por el hecho de (i) haber perdido ciertas habilidades; (ii) tener más ocupaciones; o (iii) simplemente puede ser que la vida no le alcance para retirarse. Es un absurdo postergar la vida. La vida, en realidad — por ser única — es impostergable.

Bueno. El problema con todo lo dicho anteriormente es que probablemente genera una tremenda crisis existencial. Y aclaro: esa crisis quizás no está del todo mal (recomiendo leer este artículo). Sin embargo, sí hay que tener en cuenta que la mayoría de las veces lo más estratégico no es abandonarlo todo inmediatamente y dedicarse a lo que uno quiere ahora mismo.

En la práctica, si uno tiene obligaciones y varios años de experiencia laboral en un mismo sector, un cambio radical puede ser contraproducente y hasta irresponsable. Esto se debe hacer con análisis, con estrategia. Y ese análisis parte de preguntarse uno cómo está viviendo.

Acá es importante mencionar ese pajazo mental que constantemente nos tatuamos en la cabeza: “siempre estoy ocupado” o “no me alcanza el tiempo para nada”. Así, se van pasando los días, semana, meses y años, y esos proyectos mentales (o sueños, como algunos les dicen) se quedan en excusas llenas de nostalgia de lo no vivido. Cambiar este chip — y efectivamente saber cómo hacerlo — es fundamental para empezar a sacarle tiempo a lo que uno realmente quiere.

Entonces seamos sinceros: con frecuencia estamos viendo redes sociales con contenido que poco nos importa en el fondo, constantemente estamos diciéndolo que sí a toda reunión o evento social así no queramos ir o no nos parezca necesario, y constantemente enfocamos gran parte del tiempo de nuestro trabajo en tareas que al final son poco relevantes.

Al analizar esto, y buscar cómo cambiarlo, ese pajazo mental de estar siempre ocupados empieza a tener otros punto de vista y uno empieza a sacar verdadero provecho del tiempo. Tanto así que uno empieza a tener esos espacios tan necesarios para poder estar aburridos y no hace nada. Es importante aprender a filtrar las tareas, reuniones y la pérdida de tiempo en redes sociales. Enfocarse en lo que importa y aporta para cada uno.

Esto, en últimas, es el arte de simplificar y minimizar. Decía Bruce Lee que uno, en la vida, no acumula, sino que elimina; no aumenta, sino que disminuye. Así, con esa mentalidad, puede ser posible decirle que sí a esos proyectos postergados: a escribir el libro que quiero escribir, a crear mi podcast, a verme más con las personas que más quiero. En últimas: es la puerta de entrada para dejar de postergar la vida, porque la vida — esa palabra abstracta y aleatoria — la vida es esto.

*Pueden escuchar la cápsula de 13% en la que hablamos de este Principio 13 acá.

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