La satisfacción en el trabajo: fuera del alcance de cumplidores

Por Andrés Acevedo Niño

¿Qué se necesita para desarrollar pasión por el trabajo, para disfrutar el día a día y para encontrar sentido en lo que se hace? ¿Es decir, que se necesita para ser parte del 13% de personas que encuentran satisfacción en su trabajo?

Voy a dar dos respuestas. Una es más razonable que la otra.

 

Primera respuesta

Lo importante es aprender a navegar el sistema de normas y requisitos para tener éxito en la vida profesional. Aprenda a sacar las mejores notas, que lo admitan a las mejores maestrías y que consiga los mejores trabajos. Escale hasta la cima y cuando esté en la cima no se va a querer cambiar por nadie. En suma: cumpla con las expectativas que sus padres, jefes, conocidos y desconocidos tienen sobre usted. Tiene mucho sentido – es lo lógico.

 

Segunda respuesta

La clave está en la iniciativa personal. Ningún trabajo fue diseñado para ser disfrutado y no todos los trabajos tienen un sentido intrínseco. Por eso, el que se dedique a cumplir con las funciones de su cargo y a satisfacer las expectativas de su jefe, no va a encontrar satisfacción en lo que hace. Los trabajos hay que reinventarlos, moldearlos, tallarlos de tal manera que sean agradables en lo micro (el día a día) y significativos en lo macro (para sentirse satisfecho de haber dedicado su tiempo a esa labor).

 

¿Cuál respuesta es correcta según nuestra experiencia?

Tras entrevistar a más de 30 personas entre artistas, emprendedores, ingenieros, y psiquiatras que hacen parte de ese privilegiado 13%, hemos entendido algo fundamental: la satisfacción en el trabajo es más un producto de un proceso personal, metódico e intencionado y no tanto de las circunstancias, los jefes y las organizaciones – estas inciden, por supuesto, pero no son definitivas.

Los trabajos soñados no existen. Ni siquiera en Google, con sus enormes beneficios y sus instalaciones envidiables, es posible ser parte del 13% sin tener algo de iniciativa propia. Las promesas entonces que tanto nos repitieron siendo jóvenes –“pórtate bien y tendrás tu recompensa”; “saca buenas notas y tendrás un gran trabajo”; “mantén un perfil bajo y vas a llegar muy lejos”– pueden ser buenos consejos para tener un buen trabajo, pero no para tener un trabajo con sentido, disfrute y que nos satisfaga.

Lo que tienen en común los afortunados que pertenecen al 13%, en últimas, es que han tenido la capacidad de modificar sus propias circunstancias y actitudes respecto de su trabajo. Han tenido lo que los economistas llaman agencia.

Son muchas maneras en las que esa agencia se ve reflejada: rediseñando su trabajo, creando un proyecto propio dentro de su organización (algo que han denominado intraemprendimiento), creando su propia empresa, entre otros. El gran reto, entonces, tiene que ver con desarrollar esa iniciativa. Algo especialmente difícil para los que hemos crecido en medio de un sistema en el que nos ha bastado con cumplir (con calificaciones, tareas del hogar, funciones del cargo) para sobrevivir – a esto le llamo ‘sistema de cumplidores’.

 

¿Cómo pasar de cumplidor a hacedor?

Hace dos años, yo me encontraba en mi propia búsqueda por ser parte del 13%. Ya había probado mi suerte cumpliendo con lo que se esperaba de mí y los resultados habían sido nefastos: a pesar de que trabajaba tan solo tres horas al día, tenía un buen jefe y trabajaba para una empresa interesante, me sentía profundamente insatisfecho. Y es que era tan cumplidor que, en la única evaluación de desempeño que he tenido en mi vida, en la casilla ‘oportunidades de mejora’ mi jefe anotó una sola frase: ser más proactivo.

Hoy puedo decir que he desarrollado iniciativa propia y, por lo tanto, encuentro satisfacción en lo que hago. Tanta ha sido la iniciativa que, junto con Nicolás Pinzón, hemos desarrollado durante dos años uno de los podcasts más queridos y escuchados en español. He adelantado numerosos proyectos como freelance, y acabo de terminar de escribir mi primer libro.

Pasar de cumplidor a hacedor no fue fácil, pero es, sin duda, la transición más importante que he hecho en mi vida. Sé que muchos tienen problemas haciéndola – estas fueron las claves que me ayudaron a lograrla:

 

Cortar hábitos negativos y desarrollar hábitos positivos

El principal obstáculo para desarrollar iniciativa propia es que hay muchos lugares en los cuales esconderse. Netflix es el más común. El mío era jugar Fifa en el Playstation. Como desarrollar iniciativa propia es incómodo y desgastante –especialmente en los primeros meses–, es más fácil esconderse.

El día que dejé de esconderme, decidí comprometerme conmigo mismo escribiendo en una libreta: “no más fifa”; guardé el juego en un closet y empecé a ejecutar mi plan hacia desarrollar iniciativa propia.

En la misma libreta anoté “despertarme temprano” – no tenía trabajo ni nada que hacer. Nada que me obligara a madrugar. En todo caso lo hice. Desde entonces me despierto a las 6: 30 am todos los días. Algo que ha sido clave para mantener una producción constante de episodios de podcast, artículos y libros.

 

Las intenciones no bastan, hay que establecer sistemas

Uno puede querer encontrar trabajo, crear un proyecto dentro de su empresa, empezar un blog o un podcast. Lo cierto es que la brecha entre tener la intención y ejecutarla existe. Y es grande. Para reducir la brecha no hay nada mejor que establecer sistemas.

Los sistemas son cosas que se hacen todos los días y que, más allá del resultado final, el solo hecho de poner en práctica el sistema es, en sí mismo, un éxito. Los sistemas son un reemplazo de la fuerza de voluntad porque implican una ejecución casi automática de una acción. Los sistemas, además, construyen confianza en uno mismo porque si uno cumple su sistema siente que va por buen camino. Si se trata de desarrollar iniciativa propia, pónganse metas; pero, tal vez más importante, establezcan sistemas.

Algunos de los sistemas que he tenido han sido: escribir todos los días, reunirnos todos los sábados para trabajar en 13%, y leer todos los días. Puede que no escriba nada digno de ser leído, pero el sólo hecho de haber escrito ya es ganar. Se trata, como pueden ver, de ser compasivo con uno mismo; ¿qué entusiasma más: la meta de escribir algo digno de ser leído o el sistema de escribir algo hoy, pase lo que pase?

 

Asociarse con hacedores

Hay una frase que se repite mucho pero que no por ello deja de ser cierta: “uno es el promedio de las cinco personas con las que más se junta”.

Como muchos crecimos en medio del sistema de cumplidores, lo más probable es que las cinco personas más cercanas a usted sean también cumplidores. Para desarrollar iniciativa propia hay que empezar a juntarse con personas que ya tienen esa iniciativa. De lo contrario –y esto sucede mucho– rápidamente se va a desentusiasmar cuando su círculo cercano lo empiece a bombardear con comentarios del estilo de “eso no va a funcionar”, “pero si tú nunca has sido muy emprendedor”, o “a tu jefe no le va a gustar”.

Las creencias de su amigo cumplidor son peligrosas porque se contagian rápido y, cuando menos lo espere, usted mismo se estará convenciendo que ese proyecto que tanta adrenalina le había generado es un disparate. Del mismo modo, las creencias de su nuevo amigo hacedor también se transmiten con facilidad. Persígalas.

¿No tiene amigos hacedores? Invénteselos. Así hice yo. A punta de correos a desconocidos que admiraba. Acá los comparto porque creo que es clave causar una buena impresión con el correo inicial. Muchos cometen el error de escribir un correo agresivo en el que le piden al individuo convertirse en sus mentores. Es mejor idea, demostrar su interés (que debe ser genuino) y buscar concretar una reunión para iniciar la relación.

Victorias tempranas

El 15 de agosto publicamos nuestro podcast 13% Pasión por el trabajo. El día siguiente, el 16, tuvimos una celebración. Hasta ese momento sólo nos habían escuchado nuestros amigos y algunos familiares. No éramos un hit. Nada que ver. Pero decidimos celebrarlo. Por el simple hecho de haber materializado una idea. Por haber superado el sistema de cumplidores y haber desarrollado algo de iniciativa propia.

A la iniciativa propia hay que darle combustible. Una manera de hacer eso es celebrando las victorias tempranas. Esas victorias tempranas tienen una magia particular: no tiene que ser una victoria bajo ningún estándar objetivo; basta con que sea una victoria para usted. Recomiendo plantearse cuál sería la victoria temprana desde antes de empezar el proyecto – ¿Que mi jefe de luz verde al proyecto?, ¿Que 100 personas lean mi artículo? ¿Mandar 5 correos a personas que admiro así no reciba respuestas? – lo que sea. Lo importante es plantearla y celebrarla.

***

El sistema de cumplidores tiene dos elementos que lo definen: la lógica y la reacción. Es un sistema reactivo porque nos acostumbra a reaccionar ante los estímulos. A revisar las instrucciones del profesor y reaccionar de manera consecuente. Las oportunidades para proponer, para demostrar proactividad e iniciativa son muy limitadas. En el contexto de la satisfacción en el trabajo, la reactividad es peligrosa porque, bien lo sabemos, los estímulos (los jefes, ambientes de trabajo, y funciones del cargo) están diseñados para optimizar la productividad, no la satisfacción de los empleados.

Pasar a la acción, sin embargo, requiere cuestionar el otro elemento del sistema: la lógica. Y es que la razón es el refugio del cumplidor. Las nuevas iniciativas, los proyectos que buscan romper con el orden tradicional de su compañía o de su propia rutina, no son fácilmente digeribles por la lógica. Por eso uno siempre encuentra razones para no atreverse. La lógica es hermética. Encuentra coherencia en lo que existe y prende las alarmas respecto de lo que podría ser.

Para expandir las posibilidades de la razón hace falta experimentar. Ese es el gran reto para el cumplidor que quiere pasar a hacedor. Atreverse a experimentar. Hasta que no se atreva se va a quedar confinado dentro de la jaula que su propia mente ha logrado diseñar durante los años vividos en el sistema de cumplidores.

 

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