Voces de las mismas preguntas

Por Nicolás Pinzón Guerrero

Lo más inquietante de las preguntas complejas es que no tienen respuestas correctas. El escritor Javier Cercas suele decir que cuando hay luces de haberlas, pronto se estrellan contra incoherencias, vacíos e ironías propias del ser humano.

Esto es algo que con el tiempo entendimos en 13%. Hace 2 años Andrés Acevedo y yo nos enfrentamos con un problema impactante: sólo el 13% de la población mundial siente satisfacción en el trabajo. ¡Sólo el 13%! Entonces, en vez de resignarnos ante esta cifra absurda, quisimos entender qué podíamos hacer para aumentarla. Pensamos, tal vez, que la solución era sencilla: ponerle buena actitud a la vida, quizás, y encontrar esa pasión de la que tanto se habla sin mayor análisis.

En poco tiempo, sin embargo, nos estrellamos contra esa pared de incoherencias, vacíos e ironías de las que habla Javier Cercas. Sin saberlo, habíamos empezado a nadar sin rumbo claro dentro de una pregunta compleja; una de esas que hacen que la vida sea inquietante por el simple hecho de no tener respuesta.

Pudimos haber sido más dogmáticos y quedarnos rápidamente con títulos vendedores, los cuales — bien se sabe — en la práctica se vuelven insuficientes: “Las 5 claves para enamorarse del trabajo” o “Los 3 pasos para que te brillen los ojos los lunes”. Este era un camino posible: el dicotómico. El que ignora los matices y los contextos. El que mágicamente elimina la ambivalencia humana y la reemplaza por la espantosa facilidad del odio por lo extraño, diría Estanislao Zuleta.

Por fortuna — sin tenerlo claro en ese momento — 13% se fundó sobre un principio opuesto al odio por lo extraño: la curiosidad. Una curiosidad genuina por entender cuáles son los contextos de las personas que están en el 13%. Así que, sin experiencia empírica, sin conocimiento científico y sin mayores hipótesis del problema, hace 2 años Andrés y yo empezamos a entrevistar personas que, según contaban los rumores, amaban su trabajo.

A esa curiosidad por entender las vidas detrás de esa minoría especial que no espera ansiosa a que llegue el viernes, le añadimos un ingrediente clave: las historias. Si hoy pudiera responder qué hacemos en 13%, respondería esto: contamos historias para entender una pregunta sin única respuesta: ¿qué podemos aprender de las personas que hacen parte del 13% que siente satisfacción en el trabajo?

El científico Dan Gilbert ha estudiado a fondo la importancia de conocer historias ajenas como herramienta para tomar mejores decisiones. Recientemente en una entrevista, Gilbert quiso resumir 15 años de su investigación de esta manera: en vez de entrenar la imaginación para evitar que cometamos errores a futuro, es una mejor estrategia escuchar las experiencias de personas que han pasado por situaciones similares.

Esto, aplica desde cualquier punto de vista: desde la experiencia en un restaurante o una cita a ciegas, hasta cómo saber cuándo darle un giro de 180 grados a la carrera profesional. Muchas personas, en efecto, han hecho las cosas que uno sólo se está imaginando. Por tal motivo, dice Gilbert, conocer las historias y experiencias de ese “yo futuro” puede orientar la toma de una decisión y, en últimas, evitar repetir errores comunes.

Hemann Hesse ejemplificó esto de un modo brillante por medio de su personaje Siddharta. Cuando Siddharta conoce a Gotama y escucha su doctrina, lo cuestiona porque “aunque es clara y venerable no contiene un elemento esencial: el secreto de lo que ha vivido”. Uno se alcanza a imaginar a Gotama hablando lúcidamente y a Siddharta sintiendo que esas conclusiones eran lejanas y desconectadas de su vida.

Las historias detrás de los aprendizajes nos conectan como seres humanos. Generan un vínculo único. Las historias, ciertamente, no son un resultado completamente racional y coherente. Por el contrario, son narrativas que contamos de nosotros mismos, las cuales — cuando son sinceras — están marcadas por la mezcla de victorias y fracasos, de lucidez e incertidumbre, de amores y dolores. Como dijo Siddharta antes de morir, “lo que existe a nuestro alrededor y en nuestro propio interior, nunca es unilateral”.

Y es cierto, la gran pregunta que estudiamos en 13% no tiene una respuesta correcta. Es bueno aceptar que muchas veces nos estrellamos con incoherencias, vacíos e ironías, como diría Cercas. Sin embargo, los seres humanos somos voces de las mismas preguntas y constantemente atravesamos las mismas angustias. Las historias de amores y dolores que contamos en 13%, entonces, son una brújula para abrir posibilidades y presentar un mapa de navegación menos borroso. En últimas, son un conjunto de herramientas, estrategias y experiencias para navegar el camino propio. Un camino que, aunque único, no es del todo diferente.