12 ideas sobre la satisfacción en el trabajo

Por Andrés Acevedo

Se acerca el fin de la cuarta temporada de 13%, un podcast en el que contamos historias de personas que encuentran satisfacción en el trabajo (según las estadísticas solo 13 de 100). Aunque la satisfacción laboral no es un tema simple —de lo contrario no evadiría al 87% de la población—, estas doce ideas (una por cada episodio) pueden aportar a la causa:

 

  1. El potencial es una cualidad fluida, no estática, de los seres humanos. La noción de lo que se puede llegar a ser se actualiza a medida que la persona se expone a diferentes experiencias, referentes, aprendizajes, y entornos. La gran paradoja: al ser fluido, el potencial nunca se alcanza. La ingeniera de sistemas Camila Lenis es prueba de ello.

 

  1. Esfuerzo no es trabajo. Uno puede madrugar todos los días a empujar una pared, hacerlo en periodos de 45 minutos con descansos de 15 minutos, asesorado por los mejores consultores de la industria, motivado por la conferencia más inspiradora de todos los tiempos, y, aun así, al final del día la pared seguirá estando allí, impávida. El trabajo sucede cuando la energía que se despliega genera desplazamiento —cuando pasan cosas—, no simplemente cuando se quema energía y se llega a la casa a pavonearse de estar muy cansado. Esto, tal cual, nos lo dijo Gabriel Mesa.

 

  1. Existen balances más fructíferos que el famoso balance vida-trabajo. Está, por ejemplo, aquel que existe entre la acción y la reflexión. Alejandro Gaviria escribió que no conviene la pasividad reflexiva, pero tampoco la acción irreflexiva. En este episodio nos habló de otros mundos opuestos entre los que se debate, como el del relato y la experiencia vital: no se trata de inventarse la vida, pero no se puede obviar que, como dijo Ítalo Calvino, “las cosas solo le pasan al que sabe contarlas”. En la vida profesional son frecuentes las contradicciones, los ideales opuestos de los que surgen tensiones. De Alejandro aprendimos que mejor que resolverlas, que encontrar un balance entre ellas, conviene mantenerlas. El progreso sucede entre tensiones.

 

  1. Uno se mantiene vivo en la medida que se mantiene activo. Frase memorable de Alberto Naisberg, un argentino de 95 años, lúcido y vital como ninguno. Para mantenerse activo, conviene entender la vida profesional como una serie de proyectos —en los que se puede contribuir y aprender—, en vez de etapas que se deben surtir.

 

  1. Un motivo recurrente de estrés profesional es el de desviarse del camino. Interrumpir una trayectoria ascendente, prueba de una carrera exitosa. Luego del nacimiento de su hijo, Marcela Acosta pausó su carrera como académica. Interrupción con la que supo reconciliarse y que, además, le permitió explorar, con un emprendimiento de zapatos de bebe, un nuevo mundo. La carrera, nos enseñó, no siempre se da en líneas coherentes y ascendentes: a veces —es su caso— se escribe en capítulos.

 

  1. En un tono similar, Cristina Vélez nos compartió su experiencia tras una carrera Cero lineal. Al valor de ser generalista en un mundo complejo, cuyos problemas piden ser enfrentados desde múltiples disciplinas, se suma un elemento poético: a veces los esfuerzos que se creían perdidos tienen una manera extraña de retomar su vigencia, de unirse como vasos comunicantes, y habilitar a la persona para enfrentar las exigencias del presente.

 

  1. La quincena anestesia. Eso comprueba eventualmente el empleado que confunde la expectativa razonable de recibir un sueldo con una falsa seguridad de permanencia. No importa si lleva cinco o veinticinco años en la misma empresa, a cualquiera, como le sucedió a José Pablo Arango, le puede llegar el día del juicio. Para no quedar a la deriva, conviene desarrollar una agenda paralela; no necesariamente un proyecto propio, pero sí un esfuerzo por desarrollar habilidades y plantearse objetivos personales que se aseguren de que uno siempre esté progresando y que lo mantengan alerta a pesar del efecto entumecedor de la (maldita) quincena.

 

  1. Nunca te rindas es una frase bonita, pero incompleta. De hecho, muchos citan a Churchill en su famosa “nunca, nunca, nunca te rindas” y obvian el final de la frase “excepto ante convicciones de honor y buen juicio”. La resiliencia, aprendimos de la mano con Claudia Morales, no es persistir obstinadamente. La resiliencia consiste en persistir en un proyecto valioso a pesar de los obstáculos y las dificultades, no a fuerza de voluntad, sino más bien a fuerza de la inteligencia, nuestra capacidad de aprender, adaptarnos, y de echar mano del buen juicio.

 

  1. Al preguntarse por el ‘por qué’ de las cosas, el individuo puede develar la realidad y advertir que hay estructuras y convenciones que no hacen parte de su esencia. Al salirse del colegio (ojo, escribí colegio, no universidad), Andrés Cajiao hizo precisamente eso y, en el proceso, nos mostró que hay mucho valor reservado para quien se atreve a filtrar la realidad bajo un razonamiento de primeros principios.

 

  1. Es muy difícil disfrutar el trabajo cuando se cumplen con tareas y funciones que no llevan a nada. El trabajador necesita experimentar la sensación de estar progresando. De estar avanzando en una labor que tiene sentido. A William Rivera la sensación de progreso lo evadía en su trabajo como jornalero. La historia de como eso cambió para él es una de las más sensacionales que hemos tenido la oportunidad de contar.

 

  1. Elegir el propio rumbo no es tarea fácil. Pero mantenerlo: esa es la verdadera tarea titánica. En esa gesta no caben las excusas ni las quejas. Trabajar, en ese sentido, es darlo todo con tal de hacer posible el destino que se elige. Eso aprendió Velia Vidal cuando decidió convertirse en gestora cultural (oficio de por sí económicamente retador) en un contexto difícil como el Chocó.

 

  1. Todo el mundo tiene un plan hasta que le dan un golpe en la cara, dijo célebremente Mike Tyson. Lo mismo puede decirse de las carreras profesionales: todas siguen un plan hasta que chocan con el mercado. Esto puede ser un motivo de angustia para quienes se aferran desesperadamente al plan. Pero puede ser todo lo contrario: una posibilidad emocionante de inclinarse —con coraje y ambición— por lo que emerge de ese choque. Solo lo emergente permite adentrarse en territorio inexplorado, el único lugar —dice Alejandro Salazar— donde ocurre la vida exitosa.

 

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