Cómo trabajar duro por Paul Graham

Por Paul Graham

 * Esta es una traducción del ensayo How to Work Hard de Paul Graham.

Puede parecer que no hay mucho que aprender sobre cómo trabajar duro. Cualquiera que haya ido al colegio sabe lo que implica, incluso si eligieron no hacerlo. Hay niños de doce años que trabajan increíblemente duro. Y aun así, cuando me pregunto si sé más sobre trabajo duro hoy que cuando estaba en el colegio, la respuesta es definitivamente sí.

Algo que sé es que si quieres hacer grandes cosas, tendrás que trabajar muy duro. Las tareas escolares variaban en dificultad; uno no siempre tenía que trabajar tan duro para hacerlo bien. Y algunos de las cosas que los adultos famosos hacían, parecían lograrlas casi sin esforzarse. ¿Había, quizás, alguna manera de evadir el trabajo duro a punta de genialidad? Ahora conozco la respuesta a esa pregunta. No la hay.

La razón por la que algunas materias parecían fáciles era porque mi colegio tenía bajos estándares. Y la razón por la que adultos famosos parecían hacer cosas sin esfuerzo era porque tenían años de práctica; lo hacían ver fácil.

Por supuesto, esos adultos famosos usualmente también tenían mucha habilidad natural. Son tres los ingredientes del trabajo grandioso: habilidad natural, práctica, y esfuerzo. Te puede ir bastante bien con solo dos, pero para hacer tu mejor trabajo necesitas los tres: necesitas una gran habilidad natural y haber practicado mucho y estar esforzándote mucho.

Bill Gates, por ejemplo, era de las personas más inteligentes en el mundo de los negocios en su era, pero también de los que más duro trabajaba. «No me tomé ni un día de descanso en mis veintes», dijo. «Ni uno». Algo similar pasa con Leonel Messi. Tenía una gran habilidad natural, pero cuando sus entrenadores de juventud hablan de él, lo que recuerdan no es su talento sino su dedicación y su deseo de ganar. P. G. Wodehouse probablemente tendría mi voto a mejor escritor inglés del siglo XX, si tuviera que elegir. Ciertamente nadie nunca lo ha hecho ver tan fácil. Pero nadie trabajaba más duro. A sus 74, escribió:

Con cada nuevo libro mío tengo, como digo, la sensación de que esta vez he desprendido un limón en el jardín de la literatura. Una cosa buena, supongo. Lo mantiene a uno alerta y lo obliga a reescribir cada oración diez veces. O, en muchos casos, veinte veces.

Suena algo extremo, si lo piensas. Y aún así Bill Gates suena incluso más extremo. ¿Ni un día libre en diez años? Estos dos tenían tanta habilidad natural como era posible, y aún así trabajaron tan duro como una persona podría haberlo hecho. Necesitas ambas.

Esto parece obvio, pero en la práctica lo encontramos difícil de incorporar. Existe una leve compuerta xor entre el talento y el trabajo duro. Viene en parte de la cultura popular, en donde parece que corre profundo, y en parte también del hecho de que los personajes extraordinarios son escasos. Si gran talento y gran determinación son ambos raros, entonces la gente que tiene los dos son raros al cuadrado. La mayoría de personas que conoces que tienen mucho de uno tendrán menos del otro. Pero necesitarás los dos si tú también quieres ser un fuera de serie. Y como no puedes realmente modificar cuánto talento natural tienes, en la práctica hacer un trabajo grandioso, en la medida que eso es posible, se reduce a trabajar muy duro.

Es sencillo trabajar duro si tienes metas impuestas desde afuera y claramente definidas, como en el colegio. Hay algo de técnica en ello: tienes que aprender a no mentirte a ti mismo, a no procrastinar (que es una forma de autoengaño), no distraerte, y no renunciar cuando las cosas salgan mal. Pero este nivel de disciplina parece estar dentro del alcance de incluso los niños más pequeños, si así lo quieren.

Lo que he aprendido desde esas épocas es a cómo trabajar hacia metas que no están claramente definidas ni externamente impuestas. Probablemente tendrás que aprender ambas si quieres lograr cosas realmente grandiosas.

El nivel más básico de ello es simplemente sentir que deberías estar trabajando sin necesidad de que alguien te diga que lo hagas. Hoy en día, cuando no estoy trabajando duro, se disparan las alarmas. No puedo estar seguro de estar llegando a algún lugar cuando trabajo duro, pero puedo estar seguro de que no estoy yendo a ningún lado cuando no lo hago, y se siente horrible.

No hubo un momento único en el que aprendí esto. Como la mayoría de niños, disfrutaba de la sensación de logro cuando aprendía o hacía algo nuevo. A medida que crecí, esto se transformó en un sentimiento de disgusto cuando no estaba logrando nada. La fecha insigne que puedo rastrear es cuando dejé de ver televisión, a los 13 años.

Varias personas con las que he hablado recuerdan haberse puesto serios respecto del trabajo alrededor de esta edad. Cuando le pregunté a Patrick Collison sobre la época en la que empezó a desagradarle el desocupe, me dijo:

Creo que a eso de los 13 o 14 años. Tengo un claro recuerdo de estar sentado en la sala de mi casa, mirando por la ventana y preguntándome por qué estaba desperdiciando mis vacaciones de verano.

Quizás algo cambia en la adolescencia. Eso tendría sentido.

Curiosamente, el obstáculo más grande a ponerse serio con el trabajo era probablemente el colegio, que hacía del trabajo (lo que ellos llamaban trabajo) algo aburrido y sin sentido. Tuve que aprender de qué se trataba el verdadero trabajo antes de tener el deseo genuino de llevarlo a cabo. Eso tomó un tiempo, porque incluso en la universidad mucho del trabajo no tiene sentido; hay facultades enteras que no tienen sentido. Pero a medida que conocí la cara del verdadero trabajo, descubrí que mi deseo para hacerlo encajaba tan perfectamente como si hubieran sido creados el uno para el otro.

Sospecho que la mayoría de personas tienen que aprender qué es trabajar de verdad antes de que lo amen. Hardy escribió elocuentemente sobre esto en Apología de un matemático:

No recuerdo haber sentido, de niño, ninguna pasión por las matemáticas, y las nociones que pude haber tenido sobre la carrera de un matemático lejos estaban de algo noble. Pensaba las matemáticas en términos de examinaciones y becas: quería vencer a los otros niños, y esta me parecía la manera más decisiva para lograrlo.

Él no aprendió realmente de qué iba la matemática hasta mediados de su paso por la universidad cuando leyó Cours d’analyse de Jordan.

Nunca olvidaré el asombró con el que leí esa obra notable, la primera inspiración para tantos matemáticos de mi generación, y entendí por primera vez, mientras leía, lo que las matemáticas realmente significaban.

Hay dos tipos de falsedades que hay que aprender a descontar para entender lo que el verdadero trabajo es. Una es con la que se topó Hardy en el colegio. Las materias se distorsionan en el proceso de ser adaptadas para niños: a menudo se distorsionan tanto que no se parecen en nada con el trabajo de quienes las practican de verdad. El otro tipo de falsedad es intrínseca a ciertos tipos de trabajo. Algunos tipos de trabajo son inherentemente falsos, o a lo sumo una mera ocupación del tiempo.

El trabajo de verdad cuenta con una suerte de solidez. No siempre es como escribir la Principia, pero sí se siente necesario. Es un criterio vago, pero lo es así deliberadamente, pues debe cubrir muchos tipos de trabajo.

Una vez conoces la verdadera cara del trabajo, tienes que aprender cuantas horas al día invertir en él. No puedes resolver este problema simplemente trabajando cada hora que estés despierto, porque en muchos tipos de trabajo hay un punto a partir del cual la calidad de tus resultados empieza a decaer.  

El límite varía dependiendo de la clase de trabajo y de la persona. He realizado diferentes tipos de trabajo, y los límites eran diferentes para cada uno. Mi límite para la escritura del tipo más exigente o para programar es alrededor de cinco horas al día. En cambio, cuando estaba dirigiendo una startup, podía trabajar todo el tiempo. Al menos por tres años lo hice así; si hubiera seguido así durante mucho tiempo, probablemente habría necesitado tomarme unas ocasionales vacaciones.

La única manera de encontrar el límite es cruzándolo. Cultiva una sensibilidad hacia la calidad del trabajo que estás haciendo, y luego podrás advertir si disminuye porque estás trabajando demasiado duro. En este punto la honestidad es crítica, y lo es en dos direcciones: tienes que darte cuenta cuándo estás siendo perezoso, pero también cuándo estás trabajando demasiado duro. Y si crees que hay algo admirable en trabajar demasiado duro, sácate esa idea de la cabeza. No estás meramente obteniendo peores resultados, sino que los estas obteniendo para lucirte: si no frente a otras personas, entonces frente a ti mismo.

Encontrar el límite del trabajo duro es un proceso constante y permanente, no algo que haces una vez. Tanto la dificultad del trabajo y tu habilidad para hacerlo puede variar hora a hora, de manera que necesitas estar juzgando constantemente cuánto te estas esforzando y qué tan bien te está yendo.

Esforzarse, sin embargo, no significa forzarte a trabajar. Puede haber algunos que lo hagan, pero creo que mi experiencia es algo típica, y solo tengo que forzarme ocasionalmente cuando estoy empezando un proyecto o cuando me topo con algún tipo de obstáculo. Ahí es cuando estoy en peligro de procrastinar. Pero una vez cojo ritmo, no suelo parar.

Lo que me mantiene comprometido depende del tipo de trabajo. Cuando trabajaba en Viaweb, me impulsaba el miedo a fracasar. A duras penas procrastinaba en ese entonces, porque siempre había algo que debía hacerse, y si, al hacerlo, podía poner más distancia entre yo y la bestia que me perseguía, ¿por qué esperar? En cambio, lo que hoy me mueve, escribiendo ensayos, son las falencias en ellos. Entre ensayos tengo un par de días de indecisión, como un perro dando vueltas mientras decide exactamente dónde acostarse. Pero una vez empiezo con uno, no tengo que forzarme a trabajar, porque siempre hay un error o una omisión que ya está impulsándome.

Eso no quiere decir que no me esfuerce para concentrarme en asuntos importantes. Muchos problemas tienen un núcleo duro, que lo rodean cosas más fáciles. Trabajar duro significa apuntarle al núcleo tanto como puedas. Algunos días no serás capaz; algunos días solo podrás trabajar en los asuntos más fáciles, de la periferia. Pero siempre deberías estar apuntando tan cerca del centro como puedas, sin ningún tipo de aplazamiento.

La gran pregunta de qué hacer con tu vida es uno de estos problemas con núcleo duro. Hay problemas importantes en el centro, que tienden a ser difíciles, y problemas menos importantes, más fáciles, en los bordes. De manera que así como ajustes pequeños, diarios, que surgen de trabajar en un problema específico, ocasionalmente tendrás que hacer ajustes grandes, existenciales, sobre qué tipo de trabajo hacer. Y la regla es la misma: trabajar duro significa apuntar hacia el centro: hacía los problemas más ambiciosos.

Por centro me refiero al centro real, no al consenso actual sobre lo que constituye al centro. El consenso sobre cuáles problemas son los más importantes a menudo está equivocado, tanto en disciplinas generales como específicas. Si diverges del consenso, y además estás en lo correcto, eso podría representar una oportunidad valiosa para hacer algo original.

Los tipos más ambiciosos de trabajo usualmente serán más difíciles, pero aunque no debes estar en negación al respecto, tampoco deberías tratar la mera dificultad como una guía infalible a la hora de decidir qué hacer. Si descubres alguna clase de trabajo ambicioso que es una ganga en el sentido de que es más fácil para ti que para otras personas, ya por las habilidades que resulta que tienes, o por una nueva aproximación que descubriste, o simplemente porque te emociona más que al resto, no dudes en trabajar en eso. El mejor trabajo, a veces, lo hacen quienes encuentran una manera fácil de hacer algo difícil.

Así como conocer la forma del verdadero trabajo, tienes que descifrar para qué tipo de trabajo estás hecho. Y eso no significa únicamente descifrar qué tipo de trabajo es el mejor match para tus habilidades naturales; no significa que si mides dos metros, debes dedicarte al baloncesto. El trabajo para el que estás hecho depende no solo de tus talentos sino quizás incluso más de tus intereses. Un interés profundo en un tema hace que la gente trabaje más duro de lo que cualquier dosis de disciplina puede lograr.

Puede ser más difícil descubrir tus intereses que tus talentos. Hay menos tipos de talento que de interés, y los primeros empiezan a ser juzgados desde temprano en la infancia, mientras que un interés en un tema es una cosa sutil que puede no haber madurado hasta tus veintes, incluso más tarde. El tema puede ni siquiera existir para ese momento. Además, hay unas fuentes de error poderosas que tienes que aprender a descontar. ¿Estás realmente interesado en X o quieres trabajar en eso porque harás mucho dinero o porque impresionarías a otros o porque tus padres así lo desean?

La dificultad de descifrar en qué trabajar varía enormemente de una persona a otra. Esa es una de las cosas más importantes que he aprendido sobre trabajar. De niño, tienes la impresión de que todo el mundo tiene un llamado, y de que todo lo que tienen que hacer es descifrar cuál es. Así funciona en las películas, y en las biografías amañadas que se les embuten a los niños. A veces funciona así en la vida real. Hay gente que en la infancia descifra qué hacer y sale y lo hace, como Mozart. Pero otros, como Newton, saltan impacientemente de un tipo de trabajo a otro. Tal vez en retrospectiva podemos identificar uno de ellos como su llamado —podemos desear que Newton hubiera invertido más tiempo en matemáticas y física y menos en alquimia y teología— pero esta es una ilusión inducida por el sesgo de retrospectiva. No había ninguna voz llamándolo que él podría haber escuchado.

De manera que mientras las vidas de unos convergen rápidamente, habrá otros cuyas vidas nunca converjan. Y para estas personas, descifrar en qué trabajar no es tanto un preludio a trabajar duro como una parte constante de hacerlo, una suerte de set de ecuaciones simultaneas. Para esas personas, el proceso que describí anteriormente tiene un tercer componente: junto con medir cuan duro estas trabajando y qué tan bien te está yendo, tienes que pensar si deberías seguir trabajando en esa disciplina o cambiar a otra. Si estás trabajando duro pero sin obtener resultados suficientemente buenos, deberías cambiar. Suena simple expresado así, pero en la práctica es muy difícil. No deberías renunciar el primer día solo porque tu trabajo duro no llevó a nada. Tienes que darte tiempo para agarrar ritmo. ¿Pero cuánto tiempo?, ¿Y qué deberías hacer si el trabajo que funcionaba para de funcionar?, ¿Cuánto tiempo te das en ese caso?

¿Qué cosa cuenta acaso como buenos resultados? Eso puede ser realmente difícil de decidir. Si estás explorando un área en la que pocos han trabajado, puede que ni siquiera sepas cómo se vea un buen resultado. La historia está repleta de ejemplos de personas que juzgaron precariamente la importancia de aquello en lo que estaban trabajando.

La mejor prueba de si lo que estás trabajando vale la pena es si lo encuentras interesante. Esto puede sonar como una medida peligrosamente subjetiva, pero es probablemente la más precisa con la que vas a dar. Tu eres él que está trabajando en eso. ¿Quién en mejor posición que tú para juzgar si es importante, y qué mejor predictor de su importancia que si te resulta o no interesante?

Para que esta prueba funcione, sin embargo, tienes que ser honesto contigo mismo. Efectivamente, esto es lo más sorprendente de todo este asunto de trabajar duro: que en cada punto todo depende de ser honesto contigo mismo.

Trabajar duro no es una perilla que giras hasta el nivel 11. Es un sistema dinámico, complicado, que tiene que ser sintonizado en el punto justo en cada etapa. Tienes que entender la cara del verdadero trabajo, ver con claridad para qué tipo de trabajo estás hecho, apuntar tan cerca del verdadero núcleo como sea posible, juzgar con precisión en cada momento lo qué eres capaz de hacer y la manera cómo lo estás haciendo, e invertir tantas horas cada día como puedas sin dañar la calidad del resultado. Esta red es tan complicada que es imposible de engañar. Pero si eres honesto y ves con claridad de manera consistente, asumirá automáticamente una forma óptima, y serás productivo de una manera que muy pocos lo son.

 

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